Déjame abrazarte con mis alas extendidas, y darte un ósculo del cual jamás olvides; y mírame fijamente sin pestañear en un momento, pues tus ojos son mis ventanas, que dan vida a esta alma. Abrázame fuerte y acurrúcame en tu lecho, y cántame con susurros hasta ya no estar despiertos; te canto mis versos, sin miedo a tu desprecio, sin temor a que salgas de mi vida, no es cierto. Déjame peinar con mis dedos tu pelo, contarte mi historia al ritmo del silencio; abrázame tan fuerte y miremos al cielo, qué importa la gente, si nuestro amor es primero.
